El cambio del cambio
Nos preguntamos qué cambió con la llegada pandémica del virus y nos preguntamos cómo será la post crisis cuando hayamos controlado el virus. Pero, ¿habremos reflexionado lo suficiente acerca de cómo estábamos viviendo? ¿Por qué nos resulta insoportable la idea de estar encerrados más allá de lo evidente de lo que encierra significa?. Es obvio que a nadie le gusta estar encerrado pero ¿por qué la cuarentena nos resulta particularmente insoportable? Para empezar yo preguntaría si cambió algo o este cambio es parte del cambio.
No es un juego de palabras aunque suena complejo por lo que voy a tratar de desenredarlo lo más que pueda y con un poco de suerte, alguien se animará a leer más allá de este párrafo y contribuya con una reflexión. Así como lo hacían los filósofos en la crónica de “El banquete de Platón”.
Si pensamos en el modernismo, fines del siglo XIX creo que aquí comienza el problema del cambio aunque el cambio fue analizado tal vez en todas las épocas de la humanidad pero a partir del modernismo es que comienza a sentar raíces el problema de que todo cambia constantemente. No sólo es una observación de la naturaleza sino que se empieza a sentir en todo, en el arte, la cultura, la política, en la vida cotidiana. Si tuviéramos que definir este período en una frase, se podría decir: “Todo pasa permanentemente y no terminamos de entender lo nuevo que ya viene algo nuevo”. Tan cierto suena esto que nos cuesta definir qué es lo contemporáneo. Pasa con la música, con la tecnología. En los 70 estaba en el colegio secundario y andábamos en skateboard y escuchábamos a los Red Hot Chili Peppers. Mi hijo hoy con 20 años los vio en vivo en Lollapalooza 2014. Las zapatillas Vans apenas existían en los 70 y solo las usaban los skaters, hoy son una moda de los adolescentes. ¿Qué es lo contemporáneo entonces?. ¿La definición de contemporáneo cambió?.
Pero todo esto parece que es lo contrario al cambio aunque en realidad es la reinvención de la rueda del marketing en búsqueda de nuevos nichos, lo que hace que dos generaciones tan distanciadas en años y sucesos como la mía (década de los 70) se encuentre con la de mi hijo de 20. Y esto debo decir que está buenísimo. Pero he aquí el cambio…este acercamiento cultural maravilloso que hace que pueda ir en el auto con mi hijo escuchando la misma música y hasta discutir acerca de los The Weekend y al mismo tiempo disfrutar de los Rolling…no se dio entre mi generación y la de mi padre (1939, nac. de mi padre). Todo esto fue en los últimos 40 años un cambio violento, hermoso pero gigante.
La tecnología es otro ejemplo tal vez más evidente. ¿Cuál fue la evolución de la acción de ver pelis en estos digamos últimos 40 años?. Para mí fue así; el Cine de la calle Corrientes, la video casetera que pasó del sistema Beta a VHS (por marketing…), los video club de barrio, Blockbuster, el DVD..oooh, el Laserdisc (no sé si se acuerdan, un DVD del tamaño de un vinilo) y finalmente internet que rompe con todos los paradigmas desde Netflix a Cuevana.
La idea del cambio se hace insoportable no porque cueste cambiar sino porque los cambios son vertiginosos e intempestivos. Cuando la gente llega a acostumbrarse al cambio, eso nuevo ya cambió o está empezando a cambiar nuevamente. Un mundo sin presente ya que el presente se desvanece entre el pasado y el futuro.
Los hábitos alimentarios son otro ejemplo. Hay quienes dicen que las poblaciones se están volviendo obesas porque les venden porquerías y la gente las consume. En una interpretación muy llana de los hábitos sociales esto puede tener parte de verdad y no voy a quitar mérito al marketing y a la laxitud normativa (por no decir una palabra “fea”) pero enfoquemos por un momento como es un día en el paraíso. Una pareja joven de profesionales trabajan los dos para pagar el alquiler y la guardería del bebé. Se levantan a las 5 él y las 7 ella porque trabaja más cerca. No hay mucho tiempo para comer al mediodía. Él a veces prepara una vianda, cuando llegan temprano de trabajar tipo 8 de la noche. A esa hora es complicado (no imposible) preparar una comida saludable, además de comer hay que atender al nene, etc. Se puede claro pero la mayoría de la gente vive en la cresta de la ola y compra algo rápido y lleno de calorías para seguir en el yugo o ir a descansar antes de volver al yugo diario. En la vida real queda poco tiempo para la contemplación de la naturaleza. Estos hábitos se han ido agravando con el tiempo.
Volviendo a la cuarentena. A prima facie diríamos…aaah a descansar. En realidad no creo que funcione así, al menos en muchas personas. Imaginemos una locomotora (algo antiguo no?) que viene a todo vapor, le dan leña y leña y cuando gira en la curva se encuentra con la estación terminal. Se estrella por no decir se hace mi…el. Ese tal vez sea el caso de muchos o de todos en alguna medida. Venimos de un ritmo muy acelerado y de cambios continuos. De golpe la pared. ¿se detiene todo, ya no hay cambio?. De hecho la situación económica pre virus nos venía presionando para ser más creativos y cambiar más y más para adaptarnos. Ahora tenemos que cambiar de modo aparentemente estático. Cambiar sin movernos de nuestro domicilio. Es duro y están muy buenas todas las recomendaciones que la gente en la red está aportando, así como los mensajes de ánimo.
En lo personal, creo que es un tiempo para desacelerar, reflexionar, respetar, leer, compartir, repensarse, retomar, disfrutar por qué no?, prepararse y en definitiva y aunque suene contradictorio…cambiar.
Todo suma.
Carlos Leoncini - Consultor